Fue una estación humilde que tuvo sus años dorados allá por los años sesenta y principio de los setenta, quedando a partir de entonces como apeadero. La estación se mantuvo como tal hasta principios de los ochenta, que fue derruida y malvendida su valiosa piedra de sillería con la que estaba construida. En la actualidad sólo hay un feo apeadero blanco, y ya no paran los escasos trenes que por esta línea pasan, una muestra más de la decadencia de los ferrocarriles españoles como servicio público en aras de la rentabilidad del transporte público.
Las fotografías que se muestran son las únicas que he podido conseguir gracias a la colaboración de D. Julián Ramos, penúltimo Jefe de Estación que pasó por ella, gran persona y profesional que con su esfuerzo y dedicación la llevó a conseguir el Diploma y premio de la más aseada y embellecida en el año 1.961.
La estación constaba de dos vías, una principal con andén y, la otra, sin andén ni paso desde éste, además había un vía muerta con un muelle de carga y descarga. Completaban la estructura un pequeño edificio independiente para los aseos, y varias casetas en las que los obreros de la línea guardaban las herramientas de trabajo.
La línea une las estaciones de Torralba y Soria, continuando desde allí hasta Castejón en La Rioja. Al pasar por Radona da una gran vuelta al término para salvar el desnivel del terreno desde el monte alto dirección Adradas hasta el llano en dirección Miño de Medinaceli, concretamente, el tren tardaba más de tres minutos en recorrer este trayecto.
La estación se ubicaba en medio del campo, a 1 km del pueblo, y a mitad de camino entre éste y la carretera N-111 de Medinaceli a Soria. Podéis imaginaros el recorrido de este trayecto a pie las frías mañanas del crudo invierno soriano, a 1.140 m de altitud, para coger el tren de las 7:30. A veces, nevaba y helaba tanto que el camino se convertía en una pista de patinaje, o en un barrizal, pues el asfalto llegó mucho más tarde.
Sonido grillo autóctono:



