¿Alguien se ha parado a pensar si la cerveza que nos ponen en los baretos está buena o mala? Nooo, sencillamente nos limitamos a pedir “una cerveza”, algo así como “cualquier cosa”, lo que tú tengas por ahí abajo. Pero lo que sí apreciamos es la temperatura ¡Leches, esta cerveza está caliente! ¡Pues no está buena joder!. Hay que ver la exquisitez de paladares que se encuentra uno por los bares.
Otra cosa muy distinta, hoy por hoy, es pedir un vino, y digo “hoy por hoy” porque no es lo mismo que hace unas décadas. Entonces se iba a la taberna y se decía: “Pepe, ponme un chato” y ahora decimos: “¿camarero plis, me pone un rioja tinto? ¿me pone un blanco de Rueda? Algo hemos avanzado en este aspecto, hemos pasado del vino peleón a la denominación de origen, aunque la forma de servirlo no difiere gran cosa, pues es un misterio cómo te llegará a la copa, si muy caliente o demasiado frío. El siguiente paso, dentro de años supongo, será: ¿camarero, me pone un Silentium cosecha del 99? Y además te lo servirán en copa grande y en su punto.
A eso se le llama adquirir culturilla vinícola. Sin embargo, en lo que respecta a la cerveza todavía estamos en la edad del “chato”, bueno, más bien de la “pinta” como dicen los ingleses.
La típica “birra hispanis” es una birria que nos dan muy fría para que no nos enteremos, algo así como el vino del plato del día, que si no es frío no hay quien se lo trague. Pilsen se llama la cerveza para los que no les gusta beber cerveza, algo así como el tetra-brick en el vino.
Bueno, ¿y qué opinan de los que tiran de botella como si fuese un botijo? Eso nos viene de pequeños, y es que echamos de menos nuestros queridos biberones de antaño. Por eso los fabricantes de cerveza, que son "muy astutos”, crearon el botellín, sin tetina claro, sino la cogorza se avecina rápida.
Pero al igual que con el vino, llegará el día en que nuestros paladares sean capaces de degustar ese líquido amarillo tal y como se merece. Entonces iremos al bareto y diremos: “camarero, póngame una abadía “leff tostada” por favor”.
¡Ay las cervezas belgas! Eso es otra historia que no puede disfrutarse en el bareto.
Para obtener estos placeres es necesario ir al hiper (sin compañía) y buscarlas entre los estantes, las llevaremos a casa a escondidas como si estuviésemos haciendo algo malo. Cuando estemos solos la sacaremos del fondo del frigo, de detrás de los pimientos que no se ve, la dejaremos cinco minutos a temperatura ambiente, buscaremos mientras un buen vaso de copa alta que también habremos comprado a escondidas y que nos viene al pelo para la ejecución del pecado que vamos a cometer. La abriremos despacio escuchando ese ploff celestial y humeante, y la vertimos, piano, piano sobre el vaso. Observa como sube la densa espuma, huélela un par de veces, no más que es vicio, deja que se asiente y tome cuerpo serrano. Llegados a este punto es preciso que la depositemos en la mesita de centro enfrente del sofá y, sentados sobre el mismo, nos quedemos un minuto más mirándola fijamente, sin pensar, sólo observando.
Atacamos con la mano, nos la acercamos a los labios y tomamos un sorbo. ¡Que nadie se la trague de un golpe y salga corriendo a la nevera a por otra! Que alguno seguro no se puede contener.
Lo que toca ahora es cerrar los ojos y disfrutar como un enanito espiando a Blancanieves.
NOTA: puede acompañarse con unos taquitos de jamón y queso.
parodia 17/01/2007 -PL-


