En otros tiempos, ver y disfrutar de un juguete que se movía y, además a voluntad, era algo que muy pocos tenían al alcance de la mano. Los trenes eléctricos en miniatura eran un claro ejemplo de ello con lo que soñábamos la gran mayoría de los niños. En mi caso la cosa se quedaba en eso, un sueño, pues aunque siempre lo pedía para los Reyes Magos, éstos se quedaban sin existencias justo en el pueblo de al lado.
Por aquel entonces, las carreteras no estaban en muy buenas condiciones, y el coche era un artículo de lujo, así que el tren era el transporte mayoritario por excelencia en la vida real. Los juegos, que copian los entornos y formas de vivir de cada época, no tardaron, en asumir esta realidad y transformarla a una escala que se pudiera meter en una casa de entonces, no demasiado grande y, normalmente, con más personas dentro que ahora.
En España, el mercado de los trenes en miniatura resurgió de la mano de la empresa IBER-MODEL creando la firma IBERTREN. Las casas de la época no eran demasiado espaciosas, así que IBERTREN se decantó por la escala pequeña, la “N”. En concreto , “3N”, lo del 3 es porque utiliza tres puntos de corriente, por un lado los dos carriles y, por otro, un patín central. A diferencia de los sistemas tradicionales con tres puntos de corriente alterna (Marklin), IBERTREN utilizaba corriente continua. Era un sistema propio que, a pesar de no dar buenos resultados, la marca lo utilizó durante muchos años antes de pasarse a “2N”. Las máquinas no eran muy detalladas, y los motores un tanto bastos y de no muy buena calidad. Si a todo esto le sumamos que las vías tampoco estaban a la altura de otras marcas europeas, el resultado era un poco decepcionante para grandes aficionados.
No obstante, IBERTREN, a sabiendas de sus carencias, supo dirigir sus productos, no como elementos de colección, sino como juguetes refinados destinados hacia un público juvenil. Todavía recuerdo los anuncios en TV garantizando la diversión duradera para grandes y pequeños. Estas campañas, muy importantes para la época, hicieron que varias generaciones se engancharan con estos juguetes. IBERTREN no sólo comercializaba trenes en miniatura, sino también todos los complementos necesarios para montar una maqueta, e incluso diseñó un catálogo de dioramas, unos ya fabricados completamente, y otros para montar en casa.
Desde 1975 a 1984 la marca desarrolló un amplio parque móvil y de dioramas, pero a partir de entonces el mercado juguetero tradicional se fue desinflando, en parte debido al cambio tecnológico de mediados de los ochenta cuando surgieron los primeros ordenadores domésticos destinados a ejecutar juegos electrónicos. El mundo estaba cambiando, y ello arrastró a más de una empresa juguetera, entre ellas a EXIN, que había comprado a IBERTREN a finales de los ochenta.
Las generaciones que lo vivieron cuando eran pequeños todavía añoran aquella época dorada, aun a sabiendas que la calidad del producto no era para tirar cohetes, pero el sentimentalismo, que es por lo que se mueven las grandes aficiones, ha mantenido y mantiene viva la ilusión de hacerse con algún producto de entonces.
En 2004 surge IBERTREN MODELISMO S.L. una nueva empresa que dicen no ser continuadores de la anterior línea de productos. Es decir, que son otros con el mismo nombre y nada saben, o quieren saber, sobre el pasado de la marca. Actualmente sólo podemos encontrar piezas de recambio y material rodante de seguna mano en mercadillos de modelismo ferroviario (como el de Delicias en Madrid) o a través de particulares.