Con el comienzo del nuevo milenio, el autor se deja lleva por el dibujo recreándose en los aspectos cercanos que le rodean. Se decanta por los motivos más urbanísticos y arquitectónicos: fachadas, edificios religiosos, posiblemente influenciado por su trayectoria escultórica.
Su técnica es sencilla y clara, guardando perfectamente la perspectiva, realiza los trazados detalladamente consiguiendo dar la forma y volumen adecuado en cada momento. Le gusta llenar el espacio de trazos, siempre del mismo color, hasta llegar al exceso en algunos momentos cayendo en una cierta oscuridad representativa. Esto hace que sus dibujos tengan un aspecto especial.
En una primera etapa utilizó simplemente la plumilla y, también a veces, el carboncillo para dar la forma y volumen de los dibujos. Más adelante descubrió el tinte ocre cafetoso que impregna la mayoría de sus dibujos, obteniendo así dos tonalidades acordes con los motivos a representar.
Es esta época la más productiva en la que se advierte una gran profusión de dibujos y borradores, llegando incluso a diseñar carteles y logotipos para distintos eventos culturales en los que está inmerso por afición.
En la galería de fotos presenta una pequeña muestra de esta última etapa.